Sexta sesión

19 de marzo de 2018

 

Sexta sesión:

– Comentario del libro: “El abanico de seda”. Autora: Lisa See

– Propuesta de lectura: “Mujeres”. Autor: Eduardo Galeano

 

Libro

 

En esta antología Eduardo Galeano cuenta la intensidad de personajes femeninos atravesados por el peso de una causa, como Juana de Arco, Rosa Luxemburgo o Rigoberta Menchú; por su propio talento, como Frida Kahlo o Marie Curie, Camille Claudel o Josephine Baker. Pero también cuenta las hazañas colectivas de mujeres anónimas: las que lucharon en la Comuna de París, las guerreras de la revolución mexicana, las que –en un prostíbulo de la Patagonia argentina– se negaron a atender a los soldados que habían reprimido a los obreros.

Como el personaje que abre el libro, la Sherezade de “Las mil y una noches” que le cuenta historias al rey para que no la mate, Galeano entrega en cada relato su maestría de narrador oral y de artesano del lenguaje, para conjurar el olvido, pero también para celebrar la experiencia de las que nunca se resignan.

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5 comentarios en “Sexta sesión

  1. Marije

    Me gustaría compartir con todas vosotras un artículo de “Ángeles Caso”, esperando su pronta recuperación y sobre todo, con la intención de hacer un pequeño homenaje a una persona que siempre ha sido tan solidaria. Espero que disfrutéis de su lectura tanto como lo hice yo gracias a una compañera que me lo remitió. Entiendo que lo propio hubiera sido trasladaros esta pequeña gran reflexión en la próxima sesión, sin embargo, …

    NECESITO POCO; ÁNGELES CASO

    Quiero hacer mías sus palabras, ya que mi capacidad lingüística no me llega para expresar un pensamiento tan definitivo y rotundo que refleja, con humildad, si pero con contundencia, lo que debe ser nuestro paso por este desamparado camino llamado existencia.

    Ángeles Caso: Escritora.-
    Inteligente y valiosa mujer. Me asombra que este sea su pensamiento, siendo tan joven todavía (BUENO, NO TANTO, CHICUELA, TE LO DICE UN “VIEJALES”), porque generalmente se llega a este maravilloso discernimiento cuando se está en la “avanzada madurez”… casi vejez…como decía Borges, sólo con el tiempo lo aprendes y por lo general cuando ya se te está acabando ….
    Aquí cabe completita la frase…

    “Necesito poco y lo poco que necesito, lo necesito poco “

    Artículo publicado en La Vanguardia, escrito por la periodista Ángeles Caso

    Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

    Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

    Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las “huchas de las misiones” pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

    Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

    También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada o todo.

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